Resiste

Vaya, muchacho, tienes que organizarte mejor. El extraño problema tiene unas tres revisiones y varios duplicados. Pedazos de Cómo llegamos a esto están repartidos entre Los barrotes de la puerta negra y Café que refleja la luna. Hay miles de trocitos anteriores a El extraño problema desordenado la vida en cada carpeta que reviso. Ahí es donde decido apagar la luz de una vez.

Por poco y me quedo sin palabras. Son las dos de la madrugada, debería estar dormido por lo menos hace tres horas, necesito dormir, no he estado durmiendo bien prácticamente desde que la maldita pandemia comenzó, incluso más antes. Las complicaciones de las mentes que se alteran fácilmente.

Como sea, 2:26 y recién entro a la cama, pero no duermo, mis sentidos están mucho más despiertos que otras noches. Lo sé, estoy seguro que mañana a esta hora estaré completamente maldormido, sin poder levantarme ni siquiera para apagar la luz. Mañana tengo, tendré, que estar despierto para mi edición correspondiente, pero sé que a las diez ya no podré despegar los ojos, nada sirve ahí, las continuas aperturas de ojos no modifican nada, es despertar para no poder moverse y volver a dormir, y despertar más tarde y repetir.

Es una fecha especial, quizá por eso sigo despierto, el nerviosismo, la espera, expectativa. La excusa para canalizar todo eso fue la revisión de documentos en mi computadora, está todo un desastre. Tengo novelas mías no publicadas y en constante revisión, un título está en una carpeta, el mismo título está en otra, y en otra. Un fragmento de esa novela camina suelto por alguna de las múltiples carpetas de ese disco del infierno y del caos. Algún otro retazo debe estar extraído y colocado en otra novela que ni siquiera recuerdo. Y así con varias novelas, cuentos y obras de teatro, y ni hablar de los borradores, los bocetos, las anotaciones que movía de pendrives a computadora, de WhatsApp a computadora, de la app de texto a la compu para extraer en un Word, editar, implantarlo en su novela correspondiente, y dejar el archivo de texto para que se me olvidé que ya lo utilicé, y más, y más, y más.

Vaya, muchacho, tienes que organizarte mejor. El extraño problema tiene unas tres revisiones y varios duplicados. Pedazos de Cómo llegamos a esto están repartidos entre Los barrotes de la puerta negra y Café que refleja la luna. Hay miles de trocitos anteriores a El extraño problema desordenado la vida en cada carpeta que reviso. Ahí es donde decido apagar la luz de una vez. Terminé la revisión de un cuento y tuve que borrar todos los bocetos anteriores y todas las versiones alternativas para no confundirme, para luego no estar como un idiota comparando las redacciones, los estilos, las mejoras para ver cuál es la verdadera. Hice desaparecer párrafos enteros y las versiones que los contenían. Borradas de la existencia, sin considerar lo interesantes que pudieran haber sido, el tiempo comienza a ser limitado y algunas cosas simplemente deben desaparecer. Tiempo, mis ojos ya desean cerrarse por esta noche.

Escrito por EM Rodríguez

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El último recuerdo

Las últimas horas son de nostalgia, quizá las pasas recordando, viendo en tu mente pasajes de épocas más bonitas. Quizá vuelves a ver el rostro de tu madre cuando aún eras un niño, tal vez los ojos de tu primer amor, o puede que vuelvas a verte a ti, columpiando en el parque de tu infancia.

La noche se acaba a una hora determinada. Nada va a evitar que eso pase. Luego es el fin del mundo.
Al amanecer, al amanecer el olvido se apodera de todo y ya nada importa o existe para importar. ¿Qué haría en esas escasas últimas horas? ¿Si solo tuviera esta noche y en la mañana se fuera a terminar todo, acaso podría dormir, acaso necesitaría alguna otra última respuesta? ¿Una última confirmación de lo que ya sabía, de lo que era? ¿Alguna nueva visión de las cosas?

El viajero no lo sabía con certeza, dió vueltas en la ciudad un par de horas jugando al explorador, ebrio, triste, e ignorante de su realidad. Así fue que cuando supo del cataclismo ya era tarde, ¿dónde podría ir a esa hora?. Supongo que así nos pasa a la mayoría de nosotros, solo abrimos los ojos cuando ya no queda mucho tiempo, cuando ya es «tarde» y vemos el final de todo, la muerte, a unos pocos pasos, cuando podemos sentir detalle a detalle esa última agonía. Ese concepto de que ya no queda tiempo es lo que nos hace despertar, mejor dicho, reaccionar. Ese momento es el de las revelaciones incómodas, cuando notamos que «hemos perdido», y como un hombre a punto de ahogarse, hacemos nuestros últimos intentos por respirar y mantenernos a flote, la última pelea, el último esfuerzo, buscando «algo».

Aún no lo sabía, no lo entendía, pero el viajero tenía en su mente ideas fijas, obsesiones que lo estaban moviendo: debía completar algo, debía encontrar algo, o a alguien. No sabía lo que estaba por llegar, miraba hacia el cielo nocturno y eterno, ilusorio, volvía a bajar la mirada, a recordar, a intentar comprender qué era lo que buscaba, y seguía caminando.

Estaba borracho no se sabe hace cuánto tiempo, unas palabras de un desconocido lo despertaron. Luces apagadas, un ambiente frío y lejano, ya comenzaba a ausentarse la existencia. Observa, trata de comprender, pero comprender es muy difícil, tiene tragos encima, tiene dejadez, su mente está lenta, le falta esa capacidad que seguramente perdió hace años. El desconocido le lanza palabras encriptadas, confusas, le dice algo sin decirle en realidad, le da el mensaje que en realidad no quiere escuchar: todo se ha terminado.

Las últimas horas son de nostalgia, quizá las pasas recordando, viendo en tu mente pasajes de épocas más bonitas. Quizá vuelves a ver el rostro de tu madre cuando aún eras un niño, tal vez los ojos de tu primer amor, o puede que vuelvas a verte a ti, columpiando en el parque de tu infancia. Las últimas horas vas tras los recuerdos, intentas como sea retroceder el tiempo. Curiosamente, al final, ese tiempo parece hacerse más lento. Sientes la brisa más suave, es relajante, tus pasos subiendo las gradas son pausados, llenos de tranquilidad. Sientes las olas del mar muy cerca, latiendo, vibrando, aún a sabiendas de que ya está cerca la oscuridad total.

Ya has corrido todo lo que podías correr, ahora ve despacio, sube lo que te falta de esas gradas. La pequeña torre está al final. Un último recuerdo te espera.

Escrito por EM

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Pequeña habitación

PEQUEÑA HABITACIÓN
Sé bien que no le tienes que buscar un significado claro a un sueño que no tiene nada de claro, y que si lo haces podrías quizá alejarte de la delgada línea que divide las cosas, podrías caer de la cuerda floja en donde te balanceas. No lo hagas, no caigas de la cuerda.
Casi es lunes, otra vez…

Hoy tuve un sueño extraño, dividido en tres pedazos que más o menos logro recordar. Hoy es un decir, hace días que no puedo terminar esta publicación. «Hoy», espacio de tiempo indefinido. Hoy era viernes, hoy era jueves, martes, lunes… Los días pasaban y pasaban en soplidos y resoplidos, entre series, películas, videojuegos y dormir a cada rato, y se terminaban de disolver con esos espacios vacíos y monstruosos donde un pequeño ser no terminaba de dar un paso antes de chocarse con oleadas de pensamientos sin ninguna dirección. Hoy es sábado, pero bien podría ser el sábado de la semana pasada, no lo recuerdo con exactitud. Uso el hoy para fingir que el tiempo no es un monstruo. Finjamos que es hoy.

He tenido sueños bastante extraños estos días, la última semana. Pensé que quizá podían ser parte de los síntomas del problema general que me provoca este encierro. Despertaba y el sueño parecía haber sido real, así se sentía. No había un «por favor, EM, no hay una posibilidad de que eso haya pasado», era más bien algo parecido a «ya está, así son las cosas. De hecho, ni tienes que decirlo, porque así eran las cosas de forma natural, no es que algo hubiera cambiado para siempre luego de esta noche». Eso la primera noche, luego tuve más cosas extrañas que me tomaba minutos «des» confirmar en la mañana. Había un ser del cual dependía la Tierra, y se suponía que tenía que fallar, como pasa en las películas, y todos los habitantes de ese sueño sabíamos que iba a fallar contra ese otro ser casi todo poderoso. El mismo ser sabía que fallaría, y por eso no fallaba. Fallaba y no fallaba, ya sé que es confuso. Un día de fiebre me dormí a las cuatro de la tarde, sobre mi cama, cubierto con una frazada y un poquito más. Desperté a las seis. Como estaba encerrado en mi cuarto no podía ver hacia afuera, así que no sabía si eran las seis de la tarde o de la madrugada, y estaba perdido, echado en mi cama sin querer o poder levantarme, ni siquiera tenía idea de qué día podía ser, de si era verdad que estaba encerrado por culpa del súper resfriado de la Pandemia, o si era de madrugada y tenía que irme a trabajar, como pasaba en mi sueño. Alguna vez ya me había pasado eso, cuando no dormía bien y me aguantaba un día o más, y me dormía como un desamparado o un huérfano que sale de una guerra. Solo tenía la sensación de que había pasado mucho tiempo y que afuera no era lo que parecía.

Anoche, hoy, hoy en la noche antes del amanecer, soñé que estaba en un parque. Recorrí un bloque de edificios dentro del mismo, compré un helado relleno que no tenía relleno y que se sujetaba con pedazos de mondadientes metidos y amarrados adentro, luego tuve una experiencia extraña con un túnel y un tren y un sueño dentro de un sueño, luego vi a mi amiga, y comenzó a llover y nos refugiamos en el umbral de otro edificio cerca de los juegos, y así. No sé bien por qué cuento esto, creo que necesito contar algo, necesito establecer algo y que se quede establecido, fijo, en algún lugar o de alguna forma. Me siento como agua que se derrama sin un orden específico, sin consistencia ni perseverancia. Mónica intenta ayudarme con eso, claro que no se da cuenta, tiene su propio mundo de buenos deseos y superación en donde a veces no entran las causas existenciales, pero su propia fortaleza y propósito es una especie de inspiración para hacer algo nuevo, o para retomar esas cosas que había en el pasado, esas novelas en el refri, a medio hacer, guardadas para una época donde no confundiera oraciones con frases, o cuando supiera verdaderamente a donde llegaban las decisiones de los jóvenes… Su propio éxito es como un incentivo para concluir todo lo que hay escondido en esa carpeta de textos. Etc, etc, etc. Me falta aprender de ella, o detenerme a observar al mundo.

Cuando le conté la historia de mi sueño quiso molestarse conmigo, en un momento, por el tema de mi amiga, que en mi sueño era mi novia (celos). Cuando estaba escribiéndole mi sueño dudé sobre si mencionar ese detalle o dejarlo así, decir que solo era una amiga cualquiera o que era una desconocida que casualmente estaba en la misma escena onírica, o no contarle esa parte de la historia. Segundos, segundos me quedé varado entre escribir y no escribir, pensando que ella puede ser demasiado complicada cuando se lo propone, culpándome incluso de lo que hace o crea mi mente subconsciente. Me puse a pensar en lo que ella diría o podría decir, que «por algo» me había soñado con esa chica, que quería decirle algo y no me atrevía, o que no generaba confianza con actitudes así. Hasta calculé que podría lanzarme la carita de «todo está mal» y desconectarse hasta quién sabe cuándo. Casi fue como arrojarme al agua en forma de moneda y pedir un deseo, con los ojos cerrados, «si se enoja ni modo, a los 30 años no voy a censurar mi maldito sueño», pensé. Pero, ¿y la empatía? En sus sueños ella «respeta» nuestra relación, es leal aunque yo no esté ahí, ni físicamente, ni en ninguna otra forma de existencia, y se siente extraña y alterada cuando yo no soy el que la acompaña y le toma de la mano o lo que sea. Cuando me contó uno de sus sueños esa «lealtad» inconsciente me golpeó en seco, me dejó entender que de alguna forma estaba alterando sus sueños. En un sueño raro ella podría tener un novio diferente, un ex o cualquier otra persona que conozca o que le guste, y su mente se resistiría a creerlo, se despertaría al no encontrarle la lógica suficiente a las cosas que ve, y dejaría de descansar. Yo dormiría tranquilo, soñando lo que sea que sueño por las noches, pero ella no. Quizá se despertaría de golpe si sus sueños se hicieran «más extraños». Al principio me contaría, que otro chico estaba con ella, pero que se sentía incómoda con él, que «algo» le parecía raro, que sentía que algo no cuadraba, y luego dejaría de contarme esos eventos, tal vez con un poco de resentimiento hacia mí, por aparecer sin aparecer realmente, y por tener que esconder su sueño para no sentir que me traiciona con la mente.

Sé bien que no le tienes que buscar un significado claro a un sueño que no tiene nada de claro, y que si lo haces podrías quizá alejarte de la delgada línea que divide las cosas, podrías caer de la cuerda floja en donde te balanceas. No lo hagas, no caigas de la cuerda. ¿Te están mirando? ¡Por supuesto! Siempre hay espectadores en ese circo, que te ven con una atención especial. Público ávido de espectáculo. Quizá esperan a que te caigas, es posible, ya que toda tu vida has dicho que puedes volar como los dioses, que tu mente es infinita y está más allá de lo que ellos imaginan, con esa sonrisa baja y despectiva y demás. O quizá puede ser lo contrario, que esperan que termines de cruzar el hilo y puedas recibir los aplausos en la otra torre. ¿Por qué? Porque eres humano, y aún con esa imperfección puedes o podrías hacer algo que los maraville y los obligue a aplaudir, porque te aprecian aunque sea un poco y de todas formas están en el mismo circo. De todas formas no sabes si están ahí o no, los focos no te dejan ver la gradería, solo ves luz alumbrando hacia ti, como un cuadro del que brota la pintura amarilla enceguecedora. No lo sabes, puede que no haya nadie mirando y solo es tu imaginación. Como sea.

Hoy es domingo. Con eso se cumple una o dos semanas de estar aquí. Tres semanas, haciendo cuentas. Y sacas unos cuantos párrafos sin sentido, ¡sobre los sueños! NI siquiera contaste las verdaderas razones para hablar sobre los sueños. Ella no debe saberlo, y aunque no tenga mucho sentido, los sueños tienen impregnado un poco de realidad. ¿Por qué soñé con esa chica? Quizá la extraño, hace meses que no hablo con ella, y me entero primero que su papá está internado, y luego que su papá falleció, y no sé si ella está bien porque ya no hablo con ella, y me preocupa porque fumaba cigarrillos como una desquiciada, y esos pulmones estaban tan a la deriva que tosía todo el tiempo, y tenía la voz ronca al hablar sobre la Luna, sobre política o sobre aves encima de un árbol. ¡Por eso pensaba en ella seguramente! Porque vi su perfil veinte veces esperando una buena noticia que nunca llegó, o porque sueñas con personas que conoces al azar y no debería tener ningún significado, solo soñaste con ella o con él, el significado lo das después, cuando te despiertas y comienzas con las malditas cosas lógicas.

Es domingo, y ayer era sábado, y pasó sin que me diera cuenta, como si hubiera sido un vegetal dentro de mi habitación. Eran las seis AM, luego las nueve, luego las doce, luego las cinco, luego medianoche, y desperté a las tres, y dormí y desperté a las cinco, y supe que el sábado había pasado, y que ni siquiera había podido terminar un párrafo de algo. El viajero Interdimensional sigue ahí, ebrio y somnoliento en ese bar desconocido y vacío, el ser extraño sigue delante de él, hablándole quién sabe qué, un lenguaje extraño, palabras extrañas y difíciles de entender, solo que el mundo se va a acabar. ¡El Mundo Se Va A Acabar! Solo le quedan unas pocas horas, ese es el pequeño detalle. ¿Y qué se puede hacer en unas pocas horas? ¿Qué se hace? ¿Qué haces cuando sabes que el mundo se va a acabar en unas horas y no puedes evitarlo? ¿Qué haces si estás en tu habitación sin querer, ni poder, salir? En la historia el viajero estaba en el bar, eso es a escasos metros de su pequeña habitación que tiene el sello del Mago en la puerta. ¿Nunca se preguntó por qué estaba ese sello ahí? Por años lo vio, cada vez que entraba a su casa, y como está encerrado como una rata en un laberinto, sin puertas que se abren y sin incentivos de comida, ¿Qué puede hacer más que observar hasta el cansancio cada pedacito de rincón de su jaula? Cada edificio o casa que está entre esos muros, interactuar con cada uno de esos seres hasta que todos desaparecieran (podría quizá preguntarse dónde fueron esos seres, si fuera listo), cada bloque de ladrillos impenetrables e indestructibles. Debió haber puesto atención al sello, era el origen de todo. Observar es lo que haces cuando estás encerrado, te cansas de observar cada detalle, de repasar cada silencio, cada recuerdo, cada movimiento. Yo estoy encerrado y lo sé, observo cómo se acumulan los cubrebocas en mi librero, cómo están por todas partes los blísteres de las aspirinetas, de los ibuprofenos, de los paracetamoles, el sobre de mayonesa sobre mi escritorio, las botellas, los vasos, hasta observo cómo se llega a ese momento en que me acuesto en mi cama, me tapo con una frazada y espero que algo pase. Quisiera decir que es un síntoma de esta época, o de este encierro, pero así era más antes, lo que sea que me pase me está pasando hace mucho tiempo. Y además, es como si el tiempo hubiera adquirido una nueva velocidad, más rápido, ya no es solo una palabrería filosófica que usaba cuando iba a beber, ahora siento muy real cómo el tiempo se mueve tan rápido que se desvanece ante mis ojos.

Casi es lunes, otra vez…