El último recuerdo

Las últimas horas son de nostalgia, quizá las pasas recordando, viendo en tu mente pasajes de épocas más bonitas. Quizá vuelves a ver el rostro de tu madre cuando aún eras un niño, tal vez los ojos de tu primer amor, o puede que vuelvas a verte a ti, columpiando en el parque de tu infancia.

La noche se acaba a una hora determinada. Nada va a evitar que eso pase. Luego es el fin del mundo.
Al amanecer, al amanecer el olvido se apodera de todo y ya nada importa o existe para importar. ¿Qué haría en esas escasas últimas horas? ¿Si solo tuviera esta noche y en la mañana se fuera a terminar todo, acaso podría dormir, acaso necesitaría alguna otra última respuesta? ¿Una última confirmación de lo que ya sabía, de lo que era? ¿Alguna nueva visión de las cosas?

El viajero no lo sabía con certeza, dió vueltas en la ciudad un par de horas jugando al explorador, ebrio, triste, e ignorante de su realidad. Así fue que cuando supo del cataclismo ya era tarde, ¿dónde podría ir a esa hora?. Supongo que así nos pasa a la mayoría de nosotros, solo abrimos los ojos cuando ya no queda mucho tiempo, cuando ya es «tarde» y vemos el final de todo, la muerte, a unos pocos pasos, cuando podemos sentir detalle a detalle esa última agonía. Ese concepto de que ya no queda tiempo es lo que nos hace despertar, mejor dicho, reaccionar. Ese momento es el de las revelaciones incómodas, cuando notamos que «hemos perdido», y como un hombre a punto de ahogarse, hacemos nuestros últimos intentos por respirar y mantenernos a flote, la última pelea, el último esfuerzo, buscando «algo».

Aún no lo sabía, no lo entendía, pero el viajero tenía en su mente ideas fijas, obsesiones que lo estaban moviendo: debía completar algo, debía encontrar algo, o a alguien. No sabía lo que estaba por llegar, miraba hacia el cielo nocturno y eterno, ilusorio, volvía a bajar la mirada, a recordar, a intentar comprender qué era lo que buscaba, y seguía caminando.

Estaba borracho no se sabe hace cuánto tiempo, unas palabras de un desconocido lo despertaron. Luces apagadas, un ambiente frío y lejano, ya comenzaba a ausentarse la existencia. Observa, trata de comprender, pero comprender es muy difícil, tiene tragos encima, tiene dejadez, su mente está lenta, le falta esa capacidad que seguramente perdió hace años. El desconocido le lanza palabras encriptadas, confusas, le dice algo sin decirle en realidad, le da el mensaje que en realidad no quiere escuchar: todo se ha terminado.

Las últimas horas son de nostalgia, quizá las pasas recordando, viendo en tu mente pasajes de épocas más bonitas. Quizá vuelves a ver el rostro de tu madre cuando aún eras un niño, tal vez los ojos de tu primer amor, o puede que vuelvas a verte a ti, columpiando en el parque de tu infancia. Las últimas horas vas tras los recuerdos, intentas como sea retroceder el tiempo. Curiosamente, al final, ese tiempo parece hacerse más lento. Sientes la brisa más suave, es relajante, tus pasos subiendo las gradas son pausados, llenos de tranquilidad. Sientes las olas del mar muy cerca, latiendo, vibrando, aún a sabiendas de que ya está cerca la oscuridad total.

Ya has corrido todo lo que podías correr, ahora ve despacio, sube lo que te falta de esas gradas. La pequeña torre está al final. Un último recuerdo te espera.

Escrito por EM

TAMBIÉN PUEDES LEER… 👇

  • Mirar a la Luna
    Cruza el pasillo en la oscuridad. Son más de las doce, sus ojos casi están cerrados, su mente se divide entre su idea de dormir, tranquilo y feliz, y el sueño previo que tuvo, mientras dormitaba. Cruza rápido confiando en que no hay nada ruidoso en el suelo con lo que se pueda tropezar. Unas cuantas cosas más, lavarse los dientes, apagar la luz de su cuarto, apagar todo, dormir. Dormir, por fin.
  • Algo sobre La Nostalgia
    Clara muestra de ambiguamente todo: ahora no hay ni viento, ni tarde que mira nada. Son dos semanas sin una gota de sangre en letras, y este breve momento es un tremendo descuido, un accidente peligroso donde me alejo de «lo que debería estar haciendo».
  • Mientras M llega
    45 minutos, 40. A veces no sé qué hacer con tanto tiempo, a veces pasa tan de prisa que me asusta. Da tanto miedo a veces que yo, pobre niño que aún juega en la fantasía de su cabeza, me escondo debajo de mis frazadas y edredones.
  • Preguntas
    Las pienso, eso sí, como uno de esos maniáticos, mi cabeza da vueltas y vueltas alrededor de un montón de ideas que no tienen conexión entre sí, o tal vez la tienen, aún no lo sé.
  • El tiempo
    Nieve, una caminata eterna en la nieve, hasta el final, hasta que se acaban los créditos.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: