EL FINAL DE TODO

Afuera de la habitación está la Ciudad Laberinto…

CAPÍTULO 01

«EL FINAL DE TODO»
HISTORIAS DE LA CIUDAD LABERINTO

[EM]

Es de noche. La lluvia golpea suavemente en la ventana, una vela a punto de agotarse ilumina el salón de vitrinas y botellas.

El viajero despierta ligeramente, balbucea unas cuantas palabras sin que él mismo u otra persona en el salón pueda percibirlo. Pronuncia, con su rostro rendido sobre la mesa: “Amada, ¿dónde estás, amada?”. Aún está atrapado entre la bruma de un sueño que se le repite durante años, recorriendo una playa, de la mano de su amada.

La última vela parpadea y se apaga, todo queda oscuro. Incluso la lluvia parece percibir la solemnidad de aquella oscuridad y aminora la frecuencia de su caída.

El momento está calmado y silencioso, es casi un momento precioso para el viajero y su amada, un momento para recordar. Él sin embargo no está tranquilo, y el vino que ha bebido aquella noche sacude su mente somnolienta, le desata una nostalgia que crece hasta hacerse infinita, y le provoca un vacío en el corazón.

A pesar de todo eso, el salón se mantiene en el más absoluto silencio, hasta que una persona ingresa. El desconocido camina y sus pasos retumban y llenan toda la oscuridad, se detienen al otro lado de la mesa del viajero. Se sienta y enciende un cigarro. Sus ojos son rojos, quizá reflejo fulgurante de la pequeña brasa que arde en el extremo del cigarro que sostiene.

“Ha llegado la hora”. La voz es gruesa, y cínica. No sabe por qué, pero el viajero reconoce aquella voz de algún lado, y esta simple oración es suficiente para despertarlo completamente, como arrancado de su sueño y de su vacío al mismo tiempo. Se incorpora en su silla y permanece en silencio, en la oscuridad, ante esos ojos fulgurantes.

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El tiempo

Nieve, una caminata eterna en la nieve, hasta el final, hasta que se acaban los créditos.

Resiste

Vaya, muchacho, tienes que organizarte mejor. El extraño problema tiene unas tres revisiones y varios duplicados. Pedazos de Cómo llegamos a esto están repartidos entre Los barrotes de la puerta negra y Café que refleja la luna. Hay miles de trocitos anteriores a El extraño problema desordenado la vida en cada carpeta que reviso. Ahí es donde decido apagar la luz de una vez.

Azul gris sobre la pared

Pienso en la ciudad Laberinto, al viajero encontrando un lugar secreto, lleno de árboles con hojas rojas, en medio de pequeños estanques que brillan. Será el largo pasillo de árboles que dibuje en mis mapas hace dos años? Qué tiene de especial ese pasillo? Mis primeros recuerdos sobre ese pedacito de historia hablan de un pasaje a una isla extraña, un barco que sale por las noches. Quizá es la última vez que hace ese recorrido, no sabe que al amanecer el mundo se va a terminar. Pero el barquero mantiene su promesa obsesiva, hace su rutina por miles de años, no va a cambiar en el umbral de la destrucción.

Sobre la violencia

Mientras hago tiempo ahí me topo con un cartel que me llama la atención un poco más que el resto de cosas desplegadas y revueltas, el violentómetro, una escala de diferentes muestras de violencia que puede hacerse visible en la pareja, desde violencia leve que sin duda alguna ni posibilidad de equívoco va a ir en aumento, pasando por violencia dura, y finalmente llegando a la violencia crítica en donde la vida y la salud de la mujer está en serio peligro.

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