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Periodista. Reportero fundador de La Jornada y corresponsal en Washington. Ha sido directivo de Notimex, El Universal, El Economista, W Radio, elfoco.com y elsitio.com. Es co autor de La Guerra sin Censura.

El cinco de diciembre pasado, tres pasajeros cayeron del Metrobús. Fue en la estación Buenavista y las causas fueron descuido del operador y saturación del servicio. Los afectados, con lesiones menores, otorgaron su perdón al conductor y el Gobierno del Distrito Federal (GDF) dijo que asumiría los gastos de la atención médica que pudieran requerir.
Hace unos días, el nueve de enero, un pasajero resultó lesionado al meter la mano en el mecanismo que acciona las puertas de la unidad en que viajaba.
Por si fuera poco, desde que se inauguró la línea 2 del Metrobús, el 16 de diciembre pasado, han ocurrido 13 choques entre vehículos particulares y los autobuses articulados.
Las protestas y el malestar crecen en una ciudad que ha otorgado todo tipo de facilidades al los automovilistas y se ha empeñado en obstaculizar el desarrollo del transporte público masivo.
Y los ciudadanos, tan escasos de cultura cívica, tardaron en entender que no debían utilizar el carril confinado gracias a las elevadas multas impuestas. De todos modos no faltan los vivales que lo usan (ambulancias fuera de servicio que, por qué no, lo utilizan aunque sus operadores estén comiendo su sándwich mientras manejan o patrullas de Seguridad Pública cuyo ocupantes deciden que el tráfico no es para ellos).
La simple idea de contar con un carril confinado para uso exclusivo del Metrobús, recibió innumerables críticas hace tres años cuando se inauguró la línea uno que corre por Insurgentes.
Se acabaron los microbuses (que causaban más colisiones y accidentes, más tráfico e inseguridad para sus pasajeros), disminuyó considerablemente el ruido en una de las avenidas más emblemáticas de la ciudad (y en algunos tramos una de las más hermosas) y se agilizó el tránsito –aunque en algunas partes la disminución de carriles ha generado cuellos de botella.
Aún así, los beneficios han sido mayores que los perjuicios.
Un servicio de transporte así de moderno recibe ya innumerables críticas. A las de la operación cotidiana (insuficiencia y saturación) se suman las de las incontables reparaciones que el GDF ha tenido que hacer, como levantar el asfalto una y otra vez para pavimentar con concreto y, el colmo, tirar las estaciones originales para poner otras de cristal y con espacios para anuncios.
El GDF, tan corto en materia de transparencia, no ha informado de:
1.- Porque fue autorizado y construido el carril para el Metrobús sin las especificaciones del pavimento necesario para soportar la carga de las unidades.
2.- Cuál fue la empresa que lo hizo.
3.- En la rendición de cuentas ¿quién o quiénes son los responsables del despilfarro que significa construir y re construir el carril y las estaciones?
4.- ¿Cuánto cuestan las reparaciones?
5.- ¿Terminarán algún día?
Vie, Ene 23, 2009