
En las últimas semanas, varios amigos míos y diversos analistas en medios de comunicación (Sergio Aguayo, José Antonio Crespo o Denisse Maerker, entre otros), insisten en que este 5 de julio lo mejor es no votar o, en todo caso, anular el voto.
Hace tres años, en la elección presidencial, yo escribí en la boleta: “en contra de todos”. En México no existe la opción de votar así como una forma de manifestar el descontento contra los partidos y sus candidatos. Algunos países europeos imprimen en la boleta esa posibilidad, de modo que no se contabiliza como anulado, sino como un voto que es a la vez una declaración y mensaje de descontento. Para motivos prácticos, en 2006 anulé mi voto. No le contó a nadie. Como se sabe, quien generalmente se beneficia con los votos anulados o la abstención es el candidato o partido que lleva la delantera.
En el 2000 voté por Vicente Fox. La razón fue simple: Hice uso del llamado voto útil, a fin de que el PRI no continuara en Los Pinos. Tan simple y pragmático como eso. Luego ya vimos el desastre del gobierno de Fox y todo lo demás… hemos pagado la penitencia con creces.
Los partidos políticos y sus candidatos han copado las estructuras de arbitraje electoral y han impedido la existencia de candidatos independientes con registro. No es un modelo ni malo ni peor que otros. En muchos países ocurre lo mismo: sólo a través de partidos políticos con registro se pueden elegir a los gobernantes. Quienes quieran ser electos, deberán ser postulados por esos partidos.
Pero ocurre que el abanico de opciones para estas elecciones luce muy desalentador. Por un lado, parece ser que el IFE está prácticamente controlado por los partidos políticos y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que debería corregir lo mal hecho pero NO ENMENDARLE la plana todos los días al IFE, no está en condiciones de garantizar resoluciones justas y apegadas a la ley.
Y de los candidatos, ni hablar: no se ven hombres y mujeres capaces en la oferta de los partidos… aunque siempre hay excepciones, claro.

Batiz
Al grano: el cinco de julio más que anular o no asistir a las urnas, lo que voy a hacer es aplicar otra vez el voto útil. Como no quiero que el PAN siga gobernando la delegación Benito Juárez, votaré por Bernardo Bátiz, del PRD, no porque sea un gran e inteligentísimo candidato (más bien a dado muestras de lo contrario), sino porque si anulo la boleta, el que se beneficia será el candidato del PAN (de nombre desconocido, aunque se llame Mario Palacios).
Es decir: para mi llegó el momento de la alternancia a través del voto útil. ¿Era mejor Fox que Labastida? No creo, pero me parecía que el tiempo del PRI en Los Pinos había llegado a su fin. En el caso de la Benito Juárez, cualquier cosa es mejor que Germán de la Garza, actual delegado, y, por tanto, la alternancia es mejor que el voto anulado, a pesar de la inmundicia en que se encuentran los partidos políticos y no pocos de sus candidatas (y candidatos).
Lo que pasa es que, mmmmmmm, nó se qué hacer todavía con mi voto para diputados local y federal…
Seguiré pensando…















En Nueva York, ciudad cosmopolita y con una de las densidades poblacionales más altas del planeta, apenas hemos visto a una persona con tapabocas, incluso a pesar del aviso de alarma nacional y la presencia en la ciudad de casos confirmados y el cierre de una escuela. En contraste, el DF lo percibimos cerrado, en cuarentena, al más clásico estilo de películas de ciencia ficción. Información que a diario rectificamos con nuestros familiares en el DF.


Jue, May 28, 2009