
Manifestación
Martín Esparza Flores, el dirigente del Sindicato Mexicano de Electricistas, amenaza con manifestaciones públicas y plantones para presionar a las autoridades del Trabajo.

Esparza
Está enojado. El secretario del Trabajo, Javier Lozano, decidió no reconocerlo como dirigente electricista tras el recuento de votos en la agrupación gremial. La elección interna estuvo plagada de irregularidades pero eso parece no importarle a Esparza.
Desde luego, el camino tomado por Lozano es el más complicado. Si lo que se quiere es acabar de una vez y por todas con ese elefante blanco -inoperante, ineficaz, plagado de irregularidades y corruptelas- que es la Compañía de Luz y Fuerza (CLyF), la confrontación con estos líderes sindicales puede ser más un riesgo que una oportunidad.
Pero si lo que se pretende es acabar con los liderazgos que estorban el desarrollo de empresas y aún de áreas vitales como la educación, entonces quizá presenciamos una embestida que habrá de incluir a Elba Esther Gordillo, la eterna vitalicia dirigente del magisterio nacional, o Carlos Romero Deschamps, líder de los petroleros.

No se metan con mi cucú

Lozano
Es un paquete muy grande. Felipe Calderón, en sus ya famosos diez mandamientos, anunció una reforma laboral (para beneficiar a los trabajadores, dijo) y una educativa (para acabar con intereses y marasmos que impiden el desarrollo educativo del país). Si la embestida contra Esparza es o no el inicio de un cambio de relaciones entre el capital y el trabajo, está por verse.
Pero Calderón debería, entonces, apuntar bien y terminar de una vez con una CLyF que es, más bien, un estorbo para el desarrollo del sector eléctrico del país y un monumento a la corrupción. Es un lastre de los regímenes priístas que Fox no quiso acabar y que, presumiblemente, ahora Calderón lo intentará.
Al presentar su decálogo, Calderón anunció que los cambios ocurrirían sin importar banderas políticas o militancias partidistas y asumiendo las consecuencias de tales medidas. Sabremos si va en serio.
Por su parte, el SME, que alguna vez fue aplaudido y celebrado por su combatividad y prácticas democráticas aún cuando orbitaba en torno al PRI, haría bien en replantearse su razón de existir no sólo porque la situación económica nacional y mundial reclama de nuevos enfoques y mayores compromisos laborales, sino porque la continuación de viejas prácticas sindicales -como el fraude en las recientes elecciones internas, que se ha desvelado poco a poco- sólo contribuye a la agonía de la agrupación gremial, aunque sus dirigentes piensen lo contrario, rodeados de privilegios como están.








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