
Sarmiento, Marín, Gómez Leyva, Meyer
La portada de una revista editada por una casa de prestigio, Expansión, ha dado lugar a comentarios diversos y ha levantado suspicacias sobre la efectividad de la comunicación por TV en México, la ausencia de referentes internacionales en nuestro país y la poca autocrítica que nos caracteriza.
A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, Canadá o Europa, los contenidos de la televisión mexicana estuvieron y están controlados por los dueños de las concesiones públicas, y en este país el respeto por lo que los comunicadores hacen y dicen es escaso.
Labrarse una reputación de comunicador incorruptible y verdaderamente libre en la televisión, requeriría de los dueños y directivos de las televisoras un respeto absoluto por la profesión y por quienes la ejercen. Tampoco es nuestro caso, aunque de dientes afuera todos (dueños y comunicadores), digan que son auténticamente libres.
Ojo: una cosa es la libertad y otra la irresponsabilidad. Es claro que todo comunicador debe normar la práctica de su profesión (y labrarse así el reconocimiento de quien lo contrata) bajo la premisa del respeto a uno mismo (no dejarse avasallar) y, fundamentalmente, a la materia informativa misma. Desde luego, a un comunicador lo primero que se le debe exigir es ponderación y cuidado de las fuentes informativas que utiliza en la elaboración de sus noticieros. Y se entiende que cuando un periodista ingresa a una empresa, debe conocer y observar los lineamientos editoriales que los directivos determinan.
Sería una tontería trabajar en Televisa o TV Azteca y pedir a sus comunicadores que se dedicaran a golpear a sus propios directivos o dueños de empresa. Pero hay límites. No existen aquí mecanismos que obliguen al empleador a respetar los puntos de vista y consideraciones de sus propios comunicadores. Quien diga lo contrario estará mintiendo. Ejemplo muy socorrido recientemente: Ni Joaquín López Dóriga ni Javier Alatorre, las estrellas informativas rutilantes de la TV mexicana, dijeron una sola palabra en pantalla sobre las declaraciones de Miguel de la Madrid contra Salinas de Gortari. Por el contrario, López Dóriga, en su espacio de Radio Fórmula, dedicó minutos largos al tema y a cuestionar a quienes descalificaron a la periodista Carmen Aristegui, que fue quien entrevistó al (ahora lo sabemos) muy enfermo, senil y demente De la Madrid. En radio se dice lo que en TV se calla.
¿EN DEFENSA DE LA LIBERTAD?

Jacobo
Un caso extremo (denunciado por la misma Aristegui en 2007): En ocasión de la discusión de la reforma electoral de hace dos años, las televisoras movilizaron “voluntariamente” a sus comunicadores (López Dóriga, Alatorre, Loret de Mola, Paola Rojas, Garralda, et. al.), para defender una libertad de expresión que de ninguna manera estaba amenazada. Los comicios pasados mostraron no solo que López Dóriga y el resto de los comunicadores que fueron al Congreso, dijeron en TV lo que les vino en gana, sino que las televisoras fueron capaces de dar la vuelta a la ley para que partidos como el Verde hicieran de las suyas (pagando a Televisa).
En México sólo ha existido un comunicador que pudo cargar en sus espaldas el título de la publicación Life & Style: “Porque lo digo yo”: Jacobo Zabludovsky. Y lo hizo en los largos años en que Televisa, la empresa a la que prestó sus servicios por décadas y de la que soportó vejaciones y humillaciones, vivía en connivencia con el Estado. Los que trabajaban en esa empresa, decía su dueño Emilio “El Tigre” Azcárraga, eran soldados del PRI.
Pero en esa época, Zabludovsky sí era la voz de la televisión y la verdad en última intancia. “Lo dijo el güerito Zabludovsky”, decía mi abuela Carmelita para referir alguna noticia que había visto o escuchado al paso en 24 Horas. Una sola mueca del conductor más longevo de noticieros de la TV mexicana, bastaba para edtorializar, derogar o descalificar a un personaje público o a un miembro de la oposición. ¡Cómo olvidar el día que pesentó en prime time a los hermanos bastardos de Cuauhtémoc Cárdenas en plena campaña presidencial de 1988! Y todo para agradar al candidato del PRI.

Cronkite
EL LEGADO DE CRONKITE
Muy pocos ponen en duda que Walter Cronkite fue un periodista irrepetible. No sólo porque durante 20 años fue la cara de la noticia, sino porque pudo hacer valer su talante y principios éticos en la poderosa cadena CBS. Desde luego que en Estados Unidos también hay control de la información, pero me queda claro que las presiones (que sí, que existen), al menos son (y en la época de Cronkite aún más), menos evidentes. De hecho, la guerra en Vietnam mostró a un Cronkite capaz de enfrentarse al poder establecido, ir al campo de batalla y exigir que no se mintiera a los estadunidenses.
El hombre más confiable en las noticias prefería, sin embargo, los diarios. Y eso es quizá lo más lamentable del encabezado de la publicación “Por que lo digo yo”. Casi todos los comunicadores que aparecen en la portada, iniciaron sus actividades en diarios y revistas: los medios cuya vocación por el análisis, la profundidad y el contexto, se ve a menudo traicionada por la simplonería rampante de los programas en los que ellos intervienen.
And that’s the way it is.








Agosto 6th, 2009 at 21:03
Me parece que los medios de comunicación y sus periodistas necesitan una seria autocrítica. Coincido con el artículo. Saludos
Abril 2nd, 2010 at 8:37
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Abril 5th, 2010 at 14:51
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Rubén