Graffiti: un debate

Mie, Feb 11, 2009

Ciudad de México

graffiti-casa

Hace algunos meses, el secretario de Hacienda de México, Agustín Carstens, propuso que se impusiera un impuesto especial a las pinturas ¡en aerosol! De ese modo, argumentaba, esas pinturas aumentarían de precio y así se dificultaría la acción de los jóvenes que las utilizan para pintar las paredes de casas… que no son suyas.

El debate es viejo, pero la sustancia sigue siendo la misma. ¿A cuento de qué salen ciertos grupos de jóvenes a pintar las paredes que no les pertenecen? Los defensores de estas acciones (intervenciones, les llaman) dicen que es una forma de expresión libre que permite de ese modo (el graffiti) la salida de emociones que de otra forma estarían mal encausadas (¿violencia?, ¿crimen?).

graffiti-antropologia1Mis narices No estoy de acuerdo. Me parece que es absolutamente autoritario que un ciudadano común llegue a la pared (privada) de cualquier otro ciudadano y se la pinte para expresar su arte o su inconformidad.

Salgo de mi casa y ¿qué veo? que en mi propia pared alguien se le ocurrió dibujar un gato bastante simpático con firma del autor: Fire. Muy bien, digo yo, pero ¿por qué en mi pared? Uno podría suponer que este dudoso artista tiene llena  su casa de graffiti y que, al haberse terminado sus propias paredes (y logrado un más que merecido jalón de orejas de su madre, su padre o hermano mayor), y por tener aún una pulsión irrefrenable por seguir pintando, decide salir a la calle a expresar al mundo entero su mensaje: generalmente signos confusos, mensajes en clave que sólo su pandilla entiende y, en muy contadas excepciones, algún buen dibujo.

El domingo pasado, el escritor español Javier Marías, en su columna de El País titulada La idiotez de no saber por qué, hablaba del arte contemporáneo y de lo poco que le interesa. Argumentaba que mientras estén en un museo esas piezas, todo va bien. El problema comienza cuando las autoridades deciden sacarlas a las calles (las esculturas de gordos de Fernando Botero o el famoso Cow Parade) o, lo peor, las acciones de los graffiteros.

Escribió Marías: “Por supuesto, no me molesta en modo alguno la exhibición de “arte contemporáneo” en dichas salas. Allá los dueños de cada museo, y nadie me obliga a entrar en ellos. Sí me molestan, en cambio, y mucho, las supuestas obras artísticas que se me fuerza a contemplar: las que instalan las autoridades en las calles y las que pintan los grafiteros en un muro, una fachada, un vagón de metro o donde quiera que se les ocurra. Hoy existe una infinita comprensión hacia estos “artistas espontáneos”, cuando no se los alienta directamente desde la prensa y las instituciones, que temen no parecer lo bastante “democráticas”. Yo no lo entiendo, ya que los grafiteros no sólo están imponiendo su imaginería particular a los demás, en un espacio común del que no se puede escapar, sino que también están tachando la limpieza o desnudez de un edificio, su mera neutralidad”.

graffiti1Un caso similar es el de quienes deciden “intervenir” las señalizaciones urbanas: los nombres de las calles, los letreros que indican qué ruta seguir, el aviso de silencio porque se pasa frente a un hospital, etcétera.

Volvemos a lo mismo: la discusión sobre el uso que hacemos de los espacios públicos. En México es simple: si es de todos, entonces es mío y lo uso. En otros países es completamente al revés: si es de todos, entonces no lo uso… ni lo “intervengo”, ni lo pintarrajeo, ni lo vandalizo.

Pero ya verán ustedes a los cientos de defensores de estas acciones que se hacen con la idiotez de no saber por qué, como diría Javier Marías.

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Escrito por:

Rubén Alvarez - quien ha escrito 34 notas en Ciudad Laberinto.

Periodista. Reportero fundador de La Jornada y corresponsal en Washington. Ha sido directivo de Notimex, El Universal, El Economista, W Radio, elfoco.com y elsitio.com. Es co autor de La Guerra sin Censura.

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7 Responses to “Graffiti: un debate”

  1. Alberto Pulido Says:

    Estoy fundamentalmente de acuerdo con Alvarez y Marías. Las autoridades deberían hacer algo mejor que subir el precio o los impuestos a los aerosoles. Que no jodan le hagan al loco: educación y limpia. Que las delegaciones pinten y repinten las paredes públicas y que cada uno de nosotros haga lo mismo con sus paredes). A ver quien se cansa más: créanme los graffiteros no lo harán más. Como en Nueva York: tolerancia cero. Gulliani limpió una y otra vez los vagones del metro. Al final ya nadie los pinta ¿podremos? Saludos a todos

  2. Mauricio Pastrana Says:

    … “But is it art?”

    De hecho si hay grafitos que a la gente le gusta ver (ej: http://en.wikipedia.org/wiki/Banksy ), es cuestión de talento.

    Me parece mejor plataforma ofrecer alternativas para estas manifestaciones comunicativas. Invítenlos un día a hacer murales! (filadelfia) o provean espacios donde si es permitido escribir (el estado australiano de Victoria).

    /mp

  3. luci Says:

    No, M, it is NOT art.

    Otra cosa es la falta de espacios específicos para que puedan expresarse los jóvenes… pero grafitear señalamientos públicos o las parades de las casas o las esculturas de los parques NO ES ARTE…
    Considerarlo arte no es ser tolerante, sino es no tener claro los espacios públicos y privados.
    En ciertos lugares, como la calle es pública, es decir, de todos, entonces se respeta. Aquí pareciera que como es pública, es decir, de todos, pareciera que cada uno puede ahcer lo que quiere con ella.

  4. Antonio Pancini Says:

    Hace cinco años consulté una página en Wikipedia, que entonces era mucho más imperfecta de lo que ahora es, una entrada que definía al Graffiti como la expresión misma de una horda de seres que viven en un laberinto interior del que no pueden escapar. Atormentados como están, no saben explicar su martirio con palabras simples en alguna reunión de amigos –no tienen amigos-, ni mucho menos como los antiguos herejes que impostaban la voz en plena vía pública para propalar la inexistencia de dios o el advenimiento del Mesías de Sotavento.
    Sus integrantes, que entre ellos apenas se dirigen algunos gemidos y no mucho más, se visten estrafalariamente, roban utensilios que les sirven para expresarse y salen de noche a demandar con signos extraños y representaciones metafísicas el auxilio del que están necesitados. Ellos piensan que pintan en las paredes de su laberinto interior, con la vana esperanza de que esos trazos, a fuerza de repetirlos todas las noches en paredes interminables, algún día les permitan encontrar la salida del laberinto o, mejor, de su suplicio.
    La definición en Wikipedia contenía demasiadas imágenes e información histórica sobre laberintos y expresiones humanas en las paredes -desde las pinturas rupestres hasta nuestros días- que era, no obstante, difícil de validar, pues ya se sabe que las entradas a esa enciclopedia universal moderna pueden ser modificadas libremente y aún desparecidas por completo. Si la memoria no me falla, creo recordar que había suficientes claves, expresadas en forma de acertijos, que nos permitirían entender el proceder de los integrantes de esas bandas, pero no la manera de ayudarles. Debo a la ligereza de mi lectura, y a la prisa por saber más, el no haber tomado suficientes notas.
    Es inútil buscar la página que consulté. He fatigado tardes enteras tratando de dar con ella sin éxito alguno. He buscado en las páginas caché de Google sin ningún resultado y he recurrido inclusive a una amiga bostoniana especialista en recuperación de archivos enterrados y búsqueda de páginas de Internet perdidas, sin que tampoco haya podido darme razón de aquella página primitiva de Wikipedia.
    Creo, sin embargo, que las hordas andan sueltas y que, por tanto, su delirio no cesa.

  5. Capo Says:

    Si es arte o no…

    - El graffitti es interesante cuando manifiesta una realidad a través de un mensaje claro que no se da a conocer en espacios o medios convencionales, no cuando es utilizado como la extensión del cuaderno de dibujo para aquellos que no trascendieron el kindergarden.

    - Puede ser interesante también cuando brinda cierto colorido a estructuras uniformes cotidianas como lo puede ser un vagón de metro en NY, un vagón de cumana en Napoli, o las grises paredes a lado de las vías de muchas estaciones de tren; no así cuando obstaculiza indicaciones al servicio de todos u otros espacios.

    Hay graffitti que puede ser artístico, ¿pero quién va a decir cuál es el artístico o no?; y efectivamente, ¿por qué en la pared donde vive alguien que ni siquiera fue consultado para albergar en su vivienda un mensaje así?

    En la democrática práctica del “todos coludos o todos rabones”, siento que mucho del graffitti que inunda nuestras calles es graffitti basura, sin un contenido razonable, ya sea como manifestación artística y popular. Más allá de ser un problema de educación que empieza efectivamente por el respeto a la propiedad ajena como a los bienes/espacios comunes, también muestra una deficiencia en cuanto a una vigilancia que debe ser más estricta y cuyo castigo debe ser ejemplar para desalentar la incursión en semejantes prácticas.

    El siguiente paso sería que el proceso para adquirir latas de aerosol sea el mismo utilizado en algunos países para adquirir armas de fuego: comprobantes de residencia, identificaciones oficiales, constancias de no-arresto por determinados delitos, etc.

  6. Antonio Rivera Says:

    Hay que aclarar que el graffiti es una cosa y los stickers son otra. Efectivamente, el graffiti tiene un origen que puede remontarse a la era de las cavernas, pero hay mucha laxitud en esa definición; más bien hay que ubicar al graffiti como un fenómeno urbano que tiene su origen en la ciudad de Nueva York, en EEUU, y que se difunde a otras latitudes junto con otras manifestaciones culturales como la música rap, hip-hop y sus derivados. Los graffiteros neoyorquinos reconocían 3 categorías: tag (firma), quemadura (un dibujo muy bien logrado) y obra (cuando pintaban un vagón del metro por completo). Lamentablemente, vemos muy pocas “quemaduras” y abundan las “tags”. Definitivamente, el graffiti no califica como arte, pero algunos de sus exponentes, con una formación artística adecuada pueden trascender, del vandalismo a la producción de obras de arte.

  7. Ruben Says:

    Y si fuera arte, que lo hagan en sus casas. O que pidan permiso (conozco de primera mano un grupo de chavos que sí hacía arte, pedía permiso a los dueños de las casas y hasta tenían la puntada de cobrar por ello).

    Concuerdo del todo en que los espacios públicos se deben de respetar. Considero que aumentar el impuesto a los aerosoles tendrá efectos tanto positivos en la cuestión del graffiti como colaterales negativos. Sin embargo, definitivamente esta no es la solución completa. Tampoco lo sería repintar una y otra vez (¿a ver quién se cansa más? el bolsillo del gobierno - el nuestro- me parece un buen contendiente). Son soluciones parciales. Mejor dicho: no hay una sola respuesta. Aunque si de apostarle se tratara, la educación es parte importante en todo esto.

    Y en un comentario totalmente personal, la mayoría del grafitti me parece lo menos artístico que hay. Y por lo que me dice la experiencia, la gran parte de las veces hacer arte no es la intención de los grafiteros. Los medios de pronto confunden, a veces intencionalmente, cualquier medio de expresión con arte.

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