
En los últimos días, fueron presentadas dos iniciativas políticas y sociales muy disímbolas que llaman, desde muy diferentes tribunas, a la reflexión sobre lo que debe ocurrir en el país.
Una de ellas fue dada a conocer apenas hace unas horas (el lunes a las 1000AM) y contó con la cobertura masiva de los principales medios de comunicación, encabezados por los dueños de las dos televisoras dominantes: Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego. Fue la presentación en sociedad de Iniciativa México, una curiosa manera de hacerle caso a las autoridades federales de no dar a conocer sólo malas noticias vinculadas con el crimen, sino todo aquello que hacen miles de mexicanos por el bien de la comunidad y que apenas es difundido por los medios.
La otra iniciativa se llama Equidad social y parlamentarismo, argumentos para el debate de una época, y fue presentada el sábado pasado por José Woldenberg, ex consejero presidente del IFE, en representación del Instituto de Estudios sobre la Transición Democrática, el centro de ideas fundado en 1989 y al que pertenecen medio centenar de periodistas, académicos y politólogos. A diferencia de la primera, la de Woldenberg contó con escasísima cobertura de medios.
¿Qué se busca?
No entiendo bien qué quieren lograr en el mediano plazo con Iniciativa México, si atendemos a los propósitos que le dan origen y que anuncian en su propia página (www.iniciativamexico.org).
En el más puro estilo de hablar sin decir nada, los promotores de Iniciativa México dicen que se trata de una convocatoria “sin precedente en un año histórico”, y que lo que busca es rescatar “al México dinámico y emprendedor así como reconocer y exaltar los esfuerzos de las personas que, con sus iniciativas, trabajan por el México que todos queremos”.
Muy bien, pero ¿cuál es el México que todos queremos? En la ceremonia fue presentado un video con personalidades que explican lo que esperan de México: sobran los buenos deseos y anhelos de ver una patria unida, trabajadora y en paz. Así nomás. Igual desfilaron en ese video Elena Poniatowska que Emilio Álvarez Icaza, Ricardo Zamora o Denise Dresser, quien minutitos antes, en el programa de radio con Carmen Aristegui, le había pegado una paliza a las televisoras que convocaban a la Iniciativa México.
Una vez más, era un llamado voluntarista (“los mexicanos somos más que nuestros problemas”, dijo Soledad Loaeza), y Carlos Loret de Mola cerró con un discurso como de concurso de oratoria preparatoriana (del tipo ¡échemosle ganas México! Que ya popularizó Javier Aguirre).
No hubo, en la presentación de la Iniciativa, presencia de ninguna autoridad ni local ni federal. Estuvieron, eso sí, los directores y rectores de las principales instituciones de Educación Superior así como el ex rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente.
¿Cuál era el mensaje además de mostrar la musculatura a la que ya nos tienen acostumbrados Televisa y TV Azteca? Porque, una vez más, lograron convocar a una porción muy importante de la inteligencia nacional (rectores e intelectuales), y a los dueños de diarios y radiodifusoras, en la lógica, quizá, del “podemos hacerlo sin el gobierno”.
Lo único que se echa de menos en esta iniciativa mediática, es la solución de continuidad. ¿Cuántos meses durará el impulso? Pocos y luego, otra vez, a lo de siempre. Porque este compromiso es simple (o simplón): No digo que esté mal reconocer a quienes hacen y han hecho cosas buenas para el país. Desde luego. Lo malo es que si la misma Iniciativa México no propone lo que estructuralmente debe cambiar en el país, todo quedará en una acción de relumbrón, tan relevante como el Teletón, pero nada más.
Del otro lado, lo que Woldenberg presentó fue un documento con dos ejes: Equidad y parlamentarismo. “Dos reformas, sólo dos, que concentren todos los esfuerzos para modificar el rostro enmarañado y pesimista del país”.
Como en ese documento, de 56 páginas, se presentaron muchas ideas y un largo diagnóstico, vale la pena que le dedique un comentario por separado.
Me quedo por ahora con la congoja de que sean los poderes mediáticos los que nos convoquen a reflexionar, en una acción más bien parecida a un reality tipo Big Brother que a una discusión profunda, sobre el rumbo que debe seguir el país. (Continuará)








no de mis mejores amigos, colombiano, antioqueño de nacimiento, me platicó hace años su primera experiencia con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y los grupos paramilitares creados para combatir a los rebeldes.
La portada de Proceso (No. 1744, 4 de abril de 2010) es impactante.

Otro tanto pasa con la reelección de diputados y senadores, pues se supone que si existe la posibilidad de que repitan en el cargo, entonces buscarán acercarse permanentemente a sus electores para no sufrir el castigo de que sea el voto el que les impida la reelección. No está claro, sin embargo, si las clientelas políticas y partidistas serán eliminadas con esta medida o si los legisladores federales en funciones dejarán de servir más a sus partidos y dirigentes políticos (como ocurre ahora) para voletar la mirada a los ciudadanos de su demarcación o estado. Pero será un avance. 
Por eso digo que es irrelevante que estas iniciativas las proponga ahora Calderón. Es decir: que los partidos políticos deben atender la sustancia de las mismas y no el hecho de que provengan de quien provienen. Son reformas largamente esperadas por la sociedad.
Lun, Jun 7, 2010